Hablemos de
anticipaciones tecnológicamente apocalípticas. ¿Cuántas veces un texto, una
película o una serie de ficción futurista ha anticipado lo que finalmente ha
sucedido? Cuando Orson Scott Card
escribió Ender’s Game y anticipó el uso de las redes sociales y de los
foros de Internet...¡Eran los años setenta! Escritores y guionistas son muchas
veces teólogos a los que hay que
temer, y el ser humano es esa especie que tropieza con esa piedra que todo el
mundo lleva viendo desde lejos. Porque somos curiosos, y el desarrollo
tecnológico se nos va de las manos. Es precioso todo lo que podemos llegar a
hacer, pero es preciso darle un buen uso. De este tema habla la maravillosa
serie televisiva Black Mirror.
Black Mirror es una serie (o mini-serie)
británica creada por Charlie Brooker,
y que cuenta con dos temporadas de tres capítulos cada una. Los guiones, la
producción y la dirección de fotografía hacen que esta serie sea considerada
una obra de arte, y los temas que ésta trata son un pequeño aviso al mal uso que
le damos a la gran capacidad tecnológica que tiene la raza humana.
El discurso que
construye Charlie Brooker no es nuevo, forma parte de la ética universal que siempre ha existido. Conceptos como “la digitalización de los individuos” o “el
simulacro de lo real” son los que se
discuten aquí: las TIC, las múltiples redes
sociales...nos hacen ver a las personas como personajes, y nos alejamos de
la verdadera esencia de la gente para caricaturizarla. Hacemos de nosotros
mismos un mero avatar, y anteponemos
el “parecer” o “representar” al
“ser” tal como nos enseñaba Maquiavelo. Hemos creado una “naturaleza virtual” que está superando peligrosamente a nuestra
propia naturaleza. Ya no sabemos lo que es real.
Esto lleva inevitablemente a un debate ético y moral: ¿Estamos haciendo
un buen uso de las posibilidades tecnológicas? Brooker con esto nos da su
moraleja; los seres humanos estamos dando un uso estúpido a los avances
tecnológicos, pero la culpa no es enteramente nuestra. Estamos delegando todo
el poder, nuestra privacidad y nuestra memoria a las máquinas. Y mi pregunta
es ¿Qué queda de nosotros? ¿Qué hay de nuestra libertad? ¿De nuestra esencia real? ¿Ahora que todo queda en Internet se nos ha terminado el derecho
al olvido? Brooker trata de hacernos
reflexionar sobre todo esto con 45 minutos de excelentísimo guión que
quita el hipo a cualquier tipo de espectador.
Todos los capítulos nos muestran (o más bien
auguran) un futuro inmediato de lo
que podría llegar a pasar, o simplemente llevan al extremo situaciones que
podrían darse en nuestro presente,
tanto a nivel metafórico como a nivel real.
El primer episodio
de la primera temporada, The National Anthem, es el favorito de muchos
seguidores de la serie. También es el único que está ambientado en la época
actual, y anticipa algo que ya podría haber sucedido. Se trata de un thriller político
en el que un primer ministro se enfrenta a un grandioso dilema profesional, personal
y moral; alguien ha secuestrado a la princesa, y este alguien exige que el
ministro tenga relaciones sexuales con un cerdo, por televisión y en directo. El
secuestrador cuelga el vídeo de la princesa pidiendo “el rescate” en Youtube, de
modo que su difusión en la red es muy rápida. Y aquí es donde empieza el debate
moral; Los usuarios de Internet inician una conversación 2.0 a través de redes
sociales como Facebook y Twitter, y son estos los que, mediante su presión social, obligan al ministro a
satisfacer las peticiones del secuestrador.
Pero lo que
realmente ha hecho que se me erice la piel han sido otros dos capítulos, The
Entire History Of You y Be Right Back.
The Entire History
Of You trata sobre un futuro, bastante próximo, en el que la gente se implanta
un microchip cerca del cerebro, que registra en vídeo todas las imágenes que
esa persona ve y vive. Este chip es utilizado para revisar momentos de pasado,
y funciona con un pequeño mando a distancia con el que puedes seleccionar las
imágenes, que se reproducen en unas lentillas que la persona lleva siempre
puestas. En el capítulo se habla de este microchip como se habla ahora de una
cuenta de Facebook; cuando aparece alguien que no lo lleva, es raro. El microchip está tan normalizado en la
sociedad, que es utilizado, por ejemplo, por el personal de seguridad de un
aeropuerto, para ver qué ha hecho un viajero durante su estancia en un país
determinado. ¿Seguridad transparente o muerte de la privacidad?
Esta es una buena
historia futurista...hasta que se hace realidad. Esto ya ha pasado, y su nombre
de pila es Google Glass. Google ha fabricado unas gafas con las que el usuario
puede hacer vídeos de todo lo que vean sus ojos, para revisarlo después. El
desarrollo del capítulo es muy triste. La gente deja de tener, por ejemplo,
relaciones sexuales, simplemente revisan las que tuvieron anteriormente para estimularse.
Y lo peor de todo, no se confía en la palabra de nadie, sólo se da credibilidad
a lo que puede haber en ese reproductor de imágenes que, no lo he dicho, pero
se puede mostrar a los demás en cualquier televisión o pantalla. ¿Cuánto tiempo
queda para que lleguemos a eso?
El otro capítulo,
Be Right Back, es más oscuro e incluso da miedo, pero por desgracia es
perfectamente factible y, de hecho, ya hay aplicaciones que se acercan...sólo
falta que alguien les dé un mal uso. El episodio trata sobre una mujer que
pierde a su pareja en un accidente de tráfico. En el entierro, alguien le habla
de una interesante aplicación para paliar un poco el dolor de la pérdida de un
ser querido. La aplicación reúne toda la presencia que esa persona ha tenido en
la red, todas sus fotografías, vídeos, comentarios...todo, y construye un
“perfil” que imita perfectamente la manera de ser de esa persona. Una locura.
El otro día una
amiga me dijo “Mira, hace dos años estábamos en esta fiesta, y tú dejaste este
comentario en Twitter”. Estaba usando la aplicación Time Hop, que te muestra
día a día lo que hiciste hace un año, dos o tres. Puedes vincularla a lo que te
dé la gana, Twitter, Instagram, Facebook...y con eso basta. Me la descargué y
se me pusieron los pelos de punta.
Cada día que pasa, nuestras vidas están más
conectadas a Internet. Toda nuestra existencia está guardada ahí, en “la nube”. Poco a poco los recuerdos físicos están desapareciendo. Charlie
Brooker es un catastrofista, y todo lo que cuenta en sus capítulos no tiene
por qué pasar, pero si tenemos nuestros antecedentes históricos presentes,
nuestro fanatismo y nuestra curiosidad, nuestra poca moral y nuestro afán por
el dinero...no lo veo tan descabellado.
Y aquí es cuando la
ficción deja de ser entretenimiento para convertirse en una especie de alerta,
un recordatorio de cómo no podemos hacer las cosas. Es obvio que las relaciones
humanas ya han sido gravemente perjudicadas por los avances tecnológicos. La
pregunta es ¿En qué momento vamos a parar las máquinas?
El dibujo es de Banksy, por cierto.

